Cada vez que se accede a un supermercado, cientos de equipos de refrigeración trabajan para garantizar la seguridad alimentaria, el control del desperdicio y el confort para el consumidor. Sin embargo, el sector de la distribución alimentaria se enfrenta hoy a una complicada ecuación que podría incluso condicionar el futuro de algunos establecimientos.

La meta: un frío más sostenible

Bajo la normativa europea F-Gas, el sector dispone de apenas cuatro años para renovar el parque de instalaciones y sustituir los gases actuales (HFC) por alternativas de bajo Potencial de Calentamiento Atmosférico (PCA). Aunque estos gases son legales en la actualidad, su suministro futuro plantea riesgos de desabastecimiento y un incremento notable en los costes operativos. El objetivo sectorial se fija en el horizonte de 2032 para completar esta transición energética.

Un muro de desafíos estructurales

A pesar de que la distribución alimentaria ha acelerado su adaptación, las cifras presentadas en la última jornada técnica de AEFYT, celebrada bajo el título «Datos que transforman», revelan un cuello de botella preocupante:

  • Falta de mano de obra: Se detecta un déficit estructural de casi 10.000 técnicos cualificados. Mientras el volumen de trabajo crece un 30%, las plantillas solo aumentan entre un 5% y un 10%.
  • Inversión millonaria: La reconversión pendiente se estima en más de 2.500 millones de euros, cifra que se incrementa si tenemos en cuenta las nuevas tiendas.
  • Presión normativa: Además de la F-Gas, se deben atender otras normativas muy complejas sobre eficiencia energética, ecodiseño de muebles y fin de vida útil/reciclado de los mismos.

Planificación y realismo para el futuro

Para alcanzar los objetivos sin dañar la estructura operativa y empresarial del supermercado, resulta imprescindible aplicar una planificación rigurosa y realista. La transición requiere una formación masiva de perfiles técnicos (serían necesarios más de 9.700) y garantizar una seguridad jurídica que evite la incertidumbre en las inversiones.

La adopción de tecnologías como el CO2 (que ha crecido un 222%) y el uso inteligente del dato son herramientas imprescindibles para que el comercio de cercanía siga ofreciendo productos frescos con el menor impacto ambiental posible. El éxito de este proceso reside en no dejar a ningún operador atrás -ni grandes ni pequeños- garantizando que la sostenibilidad ambiental sea también económicamente viable a largo plazo y que sigamos ofreciendo alimentos refrigerados en casi todos los pueblos de España.